En la carrera tuvimos asignaturas de psicología ambiental y psicología social o de grupos, pero siempre desde una visión teórica centrada en la investigación, que se aleja de la puesta en escena que emerge en el sistema laboral actual y, como buena estudiante, me lo aprendí solo para «soltarlo» en el examen porque carecía del sentido y la visión práctica que hubiese despertado mi interés. No se nos formó para entender cómo el espacio y su diseño interfieren en las relaciones profesionales y actualmente es clave para desarrollar proyectos de cultura laboral y poner en marcha comunidades colaborativas.

Fue tras regresar de Berlín cuando empecé a conectar aprendizaje e innovación con arquitectura y diseño para construir comunidades de talento apoyándome en el espacio.

De Berlín me traje ideas, emociones y experiencias de contacto con los espacios cargados de historia e historias individuales. Fue tras visitar algunas casas ocupas y edificios rehabilitados con otros finescomo fábricas o viejos cines transformados en espacios culturales– cuando intenté entender su aplicación en la enseñanza o incluso si podría ser una tendencia que marcase los negocios. Lejos de ser visionaria de algo, los espacios de emprendimiento en coworking, universidades y escuelas de negocios me han dado la razón a lo que por aquel entonces, a mi misma me sonaba como algo improbable y más bien loco. Estábamos en 2010 en medio de una de las crisis globales más acusadas que vivía nuestra economía y yo trabajaba como consultora de reclutamiento conviviendo a diario con cese de empresas, despidos y una durísima supervivencia que nos obligaba a competir para alcanzar objetivos.

La cultura laboral era objeto de los manuales corporativos y se desarrollaba desde departamentos de marketing y comunicación, por lo que a recursos humanos le quedaba bastante a desmano y, a los empleados… a años luz de representarles. Seguíamos obedeciendo a la estructura organizativa para construir ideas mientras que hoy en día hacemos justo todo lo contrario y son las mentes de las personas las que diseñan los entornos.

Sería un año después (como Responsable de Reclutamiento y employer branding de L´Oréal) cuando empezaría a darme cuenta de cómo en open space y espacios compartidos mejora el trabajo con clientes internos y se hace posible la convivencia de equipos multidisciplinares y muchas veces incluso multimarca. En el gran consumo, la marca blanca sentaría un antes y un después en las negociaciones comerciales y se tendría que arañar la cuota de mercado con algo más que el prestigio de la empresa, el análisis del punto de venta y la experiencia de compra se convertirían en las palancas a través de las cuales se lideraría el mercado y las experiencias de clientes se trasladarían a la sede en forma de proyectos experimentales para poder explorar el producto inmersos en el espacio. Las 29 marcas del grupo estaban formadas por equipos con personalidad propia y el lugar de trabajo y las salas de reuniones eran un reflejo. El marketing que como buena escuela te enseña L´Oréal, se trasladaba desde el punto de venta a los espacios de trabajo para provocar experiencias sensoriales que ayudaban a potenciar las historias de las marcas, sus valores y su life style. Y todo ello para mí era la clave del éxito en el reclutamiento.